Introducción
El juego es una conducta necesaria en los gatos y debería estar presente a lo largo de su vida, por más mayores que sean. Sin embargo, la frecuencia y la forma en la que aparece el juego durante la vida de los gatos varía muchísimo tanto por edad como por las propias preferencias de nuestros gatos.
Que los gatos puedan (y quieran) jugar es uno de los indicadores de bienestar más importantes que debemos observar en nuestros compañeros felinos, ya que el juego tiene implicaciones importantes en el desarrollo conductual, emocional y físico del animal (Ellis et al., 2013).
En el gato, el juego está estrechamente relacionado con secuencias comportamentales vinculadas a la depredación, la exploración y las interacciones sociales (Hall y Bradshaw, 1998).
La presencia de juego espontáneo suele asociarse a estados emocionales positivos y a una adecuada adaptación ambiental. Por el contrario, la reducción del juego puede aparecer en situaciones de dolor, estrés crónico, enfermedad o empobrecimiento ambiental (de Monte y Le Pape; Heath, 2019).
En gatos que viven exclusivamente en interior, el juego adquiere una relevancia aún mayor, ya que permite expresar conductas naturales y aumentar el control sobre el entorno (Ellis et al., 2013).
Comprender cómo juegan los gatos, qué tipos de juego existen y qué necesidades cubre esta conducta puede ayudarnos a prevenir problemas de comportamiento, mejorar el bienestar y fortalecer la relación humano-gato.
¿Qué entendemos por juego?
El juego es una conducta voluntaria y placentera. Es una actividad que se da de forma repetida y que suele aparecer fuera de su contexto funcional inmediato (Gajdoš Kmecová et al., 2021).
En los gatos, estas conductas están muy relacionadas con la secuencia depredadora, por lo que se basan en las diferentes fases de la conducta de depredación (acecho, persecución, salto, captura y manipulación de la presa) pudiendo incluir todas o algunas de estas fases y, por supuesto, “la presa” puede ser un objeto (Hall et al., 2002).
Dependiendo del animal, veremos que a nuestros gatos les gusta más un tipo u otro de juego, ya que las preferencias dependen de los gustos individuales, pero también de otros factores como la edad, la relación que haya tenido el gato previamente con uno u otro tipo de juego, la condición física, la presencia/ausencia de dolor, etc. Por eso, en muchas ocasiones puede dar la sensación de que no les gusta jugar, aunque a menudo se trata de que no hemos conseguido encontrar la motivación adecuada.
Los diferentes tipos de juego en el gato y las recomendaciones para realizar sesiones de juego adecuadas se describen con mayor detalle en este artículo: Cómo jugar con tu gato.
¿Juego o ataque? Cómo diferenciar el juego de otras conductas
Una de las dudas más frecuentes es cómo diferenciar el juego de una situación de conflicto real, especialmente en hogares con varios gatos (Amat et al., 2016).
El problema es que muchas conductas propias del juego felino se parecen mucho a conductas agonísticas o depredadoras: persecuciones, emboscadas, mordiscos, vocalizaciones o golpes con las patas pueden aparecer en ambos contextos. Por ello, interpretar correctamente el lenguaje corporal y el contexto resulta fundamental (Gajdoš-Kmecová et al., 2023).
Lo que SÍ es juego
Durante el juego, los gatos suelen mostrar una comunicación relativamente flexible y alternancia de roles (si hiciéramos el símil en humanos, para que un juego sea divertido, debemos jugar los dos, ganar y perder de vez en cuando…).
Por lo que, si realmente es juego, es frecuente que un individuo persiga y, poco después, sea perseguido por el otro (Gajdoš-Kmecová et al., 2023). Además, suelen observarse pausas breves que permiten reiniciar la interacción y el juego se suele dar en “posición horizontal”, es decir con las 4 patas puestas (la mayor parte del tiempo) en el suelo.
Algunas señales que suelen asociarse a juego son:
- Posturas corporales relajadas o semiflexionadas.
- Movimientos exagerados o “teatrales”.
- Ausencia de rigidez corporal mantenida.
- Orejas en posición neutra o ligeramente hacia delante.
- Cola móvil pero no excesivamente erizada.
- Inhibición parcial de la mordida y el uso de las uñas.
- Capacidad de interrumpir la interacción espontáneamente.
- Aproximación voluntaria posterior entre los individuos.
En muchos casos, tras una sesión de juego, los gatos permanecen cerca uno del otro, descansan juntos o realizan conductas afiliativas entre ellos (Gajdoš-Kmecová et al., 2021).
Lo que NO es juego
Cuando la interacción deja de ser lúdica, el lenguaje corporal suele cambiar. El cuerpo del gato se torna más rígido, las orejas se suelen orientar muy hacia atrás o hacia adelante y la expresión facial se vuelve más tensa; además aparecen conductas defensivas y la interacción pierde reciprocidad.
Algunas señales de alarma incluyen:
- Persecuciones unidireccionales constantes (si solo un gato persigue al otro, ya no hablamos de juego).
- Intentos de huida o evitación.
- Piloerección marcada.
- Orejas completamente hacia atrás.
- Vocalizaciones intensas (bufidos, gruñidos o chillidos).
- Mirada fija prolongada.
- Bloqueo del acceso a recursos o espacios.
- Ocultación posterior o aumento del estrés entre interacciones.
Es importante recordar que no todos los conflictos felinos son explosivos o evidentes. En algunos hogares existe un conflicto silencioso y crónico, con evitación y tensión mantenida, que los tutores pueden interpretar erróneamente como “juego tranquilo” cuando realmente no lo es, por lo que, ante la duda, siempre es recomendable consultar con un etólogo veterinario (Amat et al., 2016).
¿Y qué ocurre con el juego con nosotros?
También puede resultar difícil interpretar cuándo un gato está disfrutando de la interacción con personas y cuándo comienza a sentirse sobreestimulado o frustrado.
Algunos gatos pueden excitarse progresivamente durante el juego y acabar mostrando mordiscos intensos, emboscadas o conductas agresivas. En muchos casos, esto no refleja agresividad ofensiva real, sino una combinación de frustración, sobreexcitación y secuencias predatorias mal canalizadas. De hecho, es muy frecuente que los gatos que no tienen opción a jugar de forma frecuente (o no tienen la opción que les gusta) acaben “atacando” a los miembros de la familia en forma de emboscadas tras las puertas, muerdan muy fuerte, etc. (Heath, 2019).
Por ello, es recomendable:
- Enseñar al gato a jugar siempre con objetos o juguetes pero nunca con las manos o los pies.
- Realizar sesiones cortas y predecibles de juego de forma frecuente.
- Permitir una “captura final”.
- Respetar las pausas y señales de retirada del gato.
- Adaptar el tipo de juego a cada individuo.
Aprender a observar el lenguaje corporal y el contexto permite no solo prevenir problemas de convivencia, sino también comprender mejor el estado emocional del gato y favorecer interacciones más seguras y satisfactorias para todos (International Cat Care, 2022).
La agresividad por juego en el gato se aborda con mayor profundidad en este artículo, en el que se revisan sus principales características, causas y recomendaciones para su manejo: Agresividad por juego en el gato.
Conclusiones
El juego en el gato es una conducta compleja y multifuncional que va mucho más allá del entretenimiento. Constituye una necesidad conductual importante y una herramienta clave para promover el bienestar físico y emocional (Ellis et al., 2013).
Entender cómo juegan los gatos, qué función cumple esta conducta y cómo adaptar el entorno a sus necesidades permite mejorar significativamente su calidad de vida y prevenir numerosos problemas de comportamiento.
Cristina González
Bibliografía
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- Ellis SLH, Rodan I, Carney HC, et al. AAFP and ISFM Feline Environmental Needs Guidelines. Journal of Feline Medicine and Surgery. 2013;15(3):219–230.
- Gajdoš Kmecová N, Pet’ková B, Kottferová J, Skurková L, Mills DS. Are These Cats Playing? A Closer Look at Social Play in Cats and Proposal for a Psychobiological Approach and Standard Terminology. Front Vet Sci. 2021;8:712310.
- Gajdoš-Kmecová N et al. An ethological analysis of close-contact inter-cat interactions determining if cats are playing, fighting, or something in between. Scientific Reports. 2023;13:92.
- Hall SL, Bradshaw JWS. The influence of hunger on object play by adult domestic cats. Applied Animal Behaviour Science. 1998;58:143–150.
- Hall, S. L., Bradshaw, J. W. S., & Robinson, I. H. (2002). Object play in adult domestic cats: The roles of habituation and disinhibition. Applied Animal Behaviour Science, 79(3), 263–271.
- de Monte M, Le Pape G. Behavioural Effects of Cage Enrichment in Single-Caged Adult Cats. Animal Welfare.
- Heath S. Behaviour problems in small animals: practical advice for the veterinary team. Elsevier. 2019.
- International Cat Care, 2022, Playing with your kitten, Accessed 16th May 2023 https://icatcare.org/playing-with-your-kitten/.





