Introducción
La domesticación de Felis Catus ha modelado una especie particularmente apta para convivir con el ser humano. Un pilar central de ese proceso es la neotenia, la persistencia de rasgos típicos de la etapa juvenil en individuos adultos. Este artículo revisa la evidencia científica sobre la neotenia felina y profundiza en un comportamiento paradigmático —la caza‑juego— para mostrar cómo los patrones juveniles siguen moldeando la conducta del gato doméstico y qué implicaciones clínicas se derivan.
En este artículo utilizamos la neotenia como marco explicativo para la caza, pero no es el único que interviene en la motivación de dicho comportamiento. La conducta de caza‑juego también se ve modulada por factores no neoténicos que describiremos posteriormente, como el riesgo de lesión [1,2], la motivación (hambre), el tipo/tamaño de presa [1] y los procesos de aprendizaje en la edad infantil y juvenil [3].
¿Qué entendemos por neotenia?
El término procede del griego νέος (néos: “joven, nuevo”) y τείνειν (teínein: “extender, tender hacia”). En etología se aplica a la prolongación de características juveniles —morfológicas, fisiológicas o conductuales— en la vida adulta. En animales domésticos, y en nuestro caso respecto a los gatos, suele englobarse en el llamado síndrome de la domesticación, que abarca cambios craneofaciales (frente amplia, ojos grandes), reducción del volumen cerebral, menor agresividad y mayor sociabilidad.

Blowearts
Rasgos físicos neoténicos en el gato
Diversos trabajos han propuesto que ciertos rasgos craneofaciales del gato doméstico reflejan tendencias neoténicas. Su expresión es variable entre poblaciones y linajes, por lo que conviene interpretarlos como indicadores probabilísticos dentro del síndrome de la domesticación, no como reglas universales [4,5]. Los rasgos más estudiados son:
- Baby schema (esquema de bebé) facial. Comparaciones morfométricas recientes muestran que los gatos domésticos presentan narices más cortas y ángulos oculares que incrementan la “ternura” percibida [4].
- Reducción craneal. Estudios recientes documentan una disminución ≈ 25 % del volumen craneal respecto a especies de gato salvajes como F. silvestris y F. lybica [5].
Existen estudios que han valorado la presencia de características neoténicas en gatos y su efecto sobre la adopción. Dichos estudios nos indican que las proporciones faciales juveniles se han asociado a estancias más cortas en refugios [6].
Por lo tanto podemos pensar que una de las principales causas de estos cambios es la presión en la selección de rasgos corporales realizada por los humanos con una motivación estética infantil. Así nos lo muestra otro estudio que nos muestra la preferencia humana por rasgos infantiles, en el mismo, se describe que acentuar ojos grandes y caras redondeadas en imágenes aumenta el deseo de interacción con gatos [7].
Rasgos conductuales neoténicos
Varias conductas típicas del cachorro persisten en la edad adulta del gato doméstico. Ahora bien, la oportunidad ecológica puede permitir que adultos salvajes también muestren juego en ciertos contextos; por ello, la neotenia es un factor más, no el único que da explicación a la conducta del gato [8,9].
1) Vocalizaciones “infantiles”. El “llanto integrado en el ronroneo” imita la frecuencia del llanto humano y provoca respuesta de cuidado [8].
2) Juego y demanda social. La intensidad del cuidado ofrecido por el tutor se correlaciona con la persistencia de la persecución de juguetes y búsqueda de contacto táctil [9].
3) Amasado. Proviene del masaje que hacen los gatitos a las mamas de la madre para estimular la leche y, en la vida adulta, se conserva como gesto de confort y vínculo [9].
Comparativa: gato doméstico vs ferales/salvajes en la caza
Los gatos domésticos (Felis Catus) conservan instintos depredadores muy similares a los de sus ancestros y, aun saciados, el impulso puede activarse ante oportunidades de caza [10,11]. En condiciones de subsistencia, los gatos ferales dedican muchas horas a cazar (12 h/día), frente a ≈ 3 h/día en gatos de compañía bien alimentados [12]. Mientras los ferales suelen matar y consumir la mayoría de capturas por necesidad energética, en gatos de hogar es frecuente capturar sin consumir; se ha estimado que solo comen 30 % de las presas que matan [12]. Proveer alimento reduce en parte la motivación, pero no elimina el impulso de perseguir [13,11]. En conjunto, cuando el alimento está asegurado, la caza del gato doméstico tiende a ser más oportunista o lúdica que estrictamente nutricional [13,11].
La caza‑juego: ¿un comportamiento neoténico?
Los gatos a menudo “juegan” con presas vivas (p. ej., ratones, lagartijas) antes de aplicar el mordisco occipital. Este fenómeno se explica por tres hipótesis no excluyentes:
- Riesgo de lesión: la fase lúdica es más larga con presas menos peligrosas o cuando el gato está saciado [1]; existe un gradiente defensa‑ataque [2].
- Regulación motivacional: el nivel de hambre y el tamaño/dificultad de la presa modulan la duración del juego [1].
- Aprendizaje – práctica: las gatas entregan presas vivas a los cachorros y la práctica temprana incrementa el éxito de caza adulto [3].
La caza‑juego combina componentes juveniles (juego, práctica motora) con ventajas funcionales adultas (minimizar lesiones). Así, constituye un claro ejemplo de comportamiento neoténico retenido y reforzado por la domesticación.
Implicaciones clínicas y de bienestar
Para intervenir de forma eficaz, es clave comprender el lenguaje felino: posturas corporales como la posición de cola y orejas, tamaño pupilar, disposición de bigotes, entre otros, nos van a permitir conocer el estado emocional (curiosidad, juego, frustración, miedo, dolor) y anticiparnos con un manejo respetuoso evitando problemas que surgen por malentendidos en la comunicación entre las 2 especies (Homo Sapiens y Felix Catus).
Igualmente importante es identificar la motivación que subyace a cada conducta: no es lo mismo un juego depredatorio que una búsqueda de interacción social, una conducta redirigida por estrés o una estrategia de evitación. Actuar sobre la motivación —mediante enriquecimiento, previsibilidad, elección y control— mejora el bienestar y reduce la necesidad de suprimir conductas. En el caso de la caza‑juego, estructurar sesiones que permitan completar la secuencia predatoria y canalizar la energía de forma segura satisface el sistema motivacional implicado y disminuye la caza real.
Desde la práctica clínica, entender la base (parcialmente) neoténica de ciertos comportamientos ayuda a modular el manejo y el entorno y a tener expectativas realistas de tutores respecto al comportamiento de los gatos.
Cómo canalizar la conducta de caza‑juego de los gatos domésticos
- Programar dos sesiones diarias de juego interactivo (10‑15 min) usando cañas con señuelo o juguetes que permitan cerrar la secuencia (acecho‑persecución‑captura).
- Final feliz: deja que el gato “mate” el juguete; al terminar, ofrece una pequeña ración de alimento húmedo para asociar saciedad con el ciclo de caza.
- Rotación de juguetes cada 48‑72 h para evitar habituación y mantener la motivación predatoria.
- Evitar usar manos o pies como señuelo; previene agresiones hacia el tutor y refuerza límites claros.
- Estimulación multisensorial: esconder pequeños premios o usar dispensadores interactivos añade el componente de búsqueda y captura.
- Refuerzo positivo: premiar el juego apropiado ayuda a redirigir la energía depredatoria.
- Consulta especializada si el juego agresivo se dirige a personas o hay frustración excesiva; un etólogo clínico valorará enriquecimiento avanzado o apoyo farmacológico.
Conclusiones
La literatura científica comparativa indica que “jugar con la presa” no es exclusivo del gato doméstico —también aparece en felinos salvajes como táctica de caza—, pero sí es más frecuente o extendido en gatos domésticos bien alimentados, debido a la relajación de las presiones de supervivencia y a la retención de comportamientos juveniles lúdicos en la etapa adulta. Esta conducta puede interpretarse como un rasgo neoténico: un vestigio de la fase juvenil (cuando el juego sirve para practicar caza) que persiste en el adulto doméstico gracias a la domesticación y a las condiciones de vida provistas por los humanos. Las fuentes académicas citadas exploran desde distintas aristas este fenómeno, coincidiendo en que el gato doméstico es un cazador atípico: un pequeño “felino” que, pese a vivir en nuestros hogares, no ha perdido el impulso de cazar por placer, tal como lo haría un cachorro en entrenamiento permanente.
Marco Villén
Bibliografía
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- Purina Argentina. Comportamientos de caza de los gatos. 2023. Disponible en: https://www.purina.com.ar/purina/gatos/comportamiento-de-caza-del-gato






